Carmelopoli

lunes, 12 de abril de 2010

Cuento

Yo esoy con la Bibi. Bueno, con la Señora Ministra, Señora Bibi. Yo creo que es hora de revisá los cuento. Porque los cuento reflejan esterotipo de una sosiedá que está basá en errore y en planteamiento anacrónico. Toma ya. lo de planteamiento anacrónico se lo escuche el otro día a alguien y no termino de sabé lo que sisnifica, pero suena bonito. ¿Que no? Pero la cosa es que hay que revisá los cuento que les cuentan los cuentista a los niño. Y cuando hablo de cuentista no me refiero a los político, eso son cuentista pofesionale. Me refiero a los cuentista amater. Las mare, las abuela, los pare, las cuidadora de guardería que no le dan pastillita a los niño... Porque los niño se quean dormío con el cuento, pero en el fondo eso va empapando, va filtrandose por el selebro y despué pasa lo que pasa.


Por ejemplo, el cuento de los tré serdito. Eso es un gran rollaso. Ese serdo mayó que se pone a trabajá pa hasé una casa de ladrillo. Eso está fomentando la contrusión ilegá. Vale, con la casa se salvó lo del lobo, pero despué llegó el Ayuntamiento del pueblo que no le recalificó el terreno y no le recogían la basura. Eso le dio iguá porque como buen serdo, estaba a gusto en la porquería. Pero tampoco le hisieron el enganche de la lú y él tuvo que pagá el asfaltao del carrí. En el cuento los serdo deberían comprarse entre los tré un pisito en la calle La Rosa y pasá olímpicamente del lobo, porque nunca nadie ha visto un lobo en la calle La Rosa. Ademá, desde allí bajaban tó los día a La Caleta y ern má felise que un cochino en un charco.

Tampoco soporto el de la bella durmiente. ¿Quién es ese gachó, por mucho prínsipe asú que se llame pa dispertá a la muchacha que se ha echao una siestesita? Estamo fomentando el insosnio entre nuestros niño. Como el de La Senisienta. Lo de probarle el sapato no vale ná, porque el prínsipe jamá se habría fijao en los pie de la gachí. Tendría que haber ido probando sujetadore y la que mejón escote tuviera a esa se llevaba. Pa que los niño desde chico comprendan en qué se fijan los hombre y, asín, pueda ampliá el negosio el Corporasión Dermostética de la Avenida.

Otro cuento que hay que reinterpretá es el de Caperusita Roja. De momento lo del nombre. Lo suyo es que la protagonista fuera una piconera con la madroñera amarilla. Piconerita amarilla sería el cuento. Y, en este caso, nuestro personaje es una gaditana mu guapa que pasea por Cádi buscando a la comparsa de Juan Carlo. Por el camino se encuentra con un miarma que la invita a montarse en su coche e irse con ella pa vé la antología de Juan Carlo. El miarma estaba disfrasao como los de Araka y no se le veía ni el pelo engominao con los riso, ni la camisa con los cuello y los puño blanco ni la banderita de España en el reló.

La piconerita lo dudó. En verdá ella pensó que mejón que vé a los bohemio era vé a la antología entera. Pero no se fiaba. Por el cristá vio la carátula de un compa de los sobrino de Gine y eso la echó pa trá. Entonse le preguntó al miarma "¿Y quién va en la antología de Juan Carlo?" El miarma se quedó blanco como el culo de Iniesta porque a él lo que le iba era el Rosio y dijo "Po su grupo de siempre. El Ramoni, el Soleta, el Piojo,..." En ese momento la piconera se coscó de que la estaban intentando engañá y le dijo al miarma que se esperara un momentito porque iba a llamá a una amiga y se iban a ir las dó con él. Al miarma se le estaba poniendo ya la picha como el palo una sombrilla cuando aparesió por allí el Seisdeo, que era a quien en verdá había llamao piconerita y se llevó el coche del miarma que estaba mal aparcao con el miarma adentro.

Con esa nueva versión mostraríamo a nuestra juventú los peligro que sufren de caé en la perversión rosiera y feriante de los miarma y que el único y verdadero Carnavá está asquí en Cádi. Ademá, daríamo una visión má astiva de la mujé que no nesesita que venga el casadó a salvarla sino que ella sola se las apaña pa trincá al malvado miarma.

De toas forma, el cuento que a mi me da má coraje es el de la sigarra y la hormiga. Es el má importante de cambiá porque en ese cuento está alterao la escala de valore. Es un cuento impuesto por el pensamiento de la gente del norte que vive ná má que trabajá. Ahí estaba la pobre hormiga, sudando tol verano como un churrero en la plasa la alfalfa. Pero no por propia voluntá. Que si a la hormiga le bieran dao a escogé habría escogio la vida de la sigarra. Pero la hormiga estaba oprimia por el sistema ante el que no se podía rebelá, enmientra que la sigarra, sin en cambio, era libre y disfrutaba. La hormiga estaba blanca, que no descansaba ni los domingo, como un chino, pero la sigarra tenía un coló tostaito de haberse llevao to agosto con su guitarrita y su meyba en La Caleta.

Yo el cuento ese lo cambiaría por el del comparsista y el ofisiá de fabricasión de segunda. Érase una vé, en una empresa gaditana en la que había dó persona contratá. Una era un ofisiá de fabricasión de segunda fantástico que se moría por la empresa. El tío nunca se cogió una baja, hasía toas las hora seta del mundo y no se llevó ni un bolígrafo de la ofisina, ni un tornillo, ni un mono. Incluso pensaron alguna vé en asenderlo a ofisiá de fabricasión de primera, pero le pasó como al Hércule y al finá tó se vino abajo. A su lao estaba otro compañero, pero de este nadie sabía cuá era su grupo de clasificasión pofesioná, porque se llevaba má tiempo de baja que en el curro. Desde sestiembre ya tenía agobio y se cogía una baja por depresión que se quitaba, de a poco a poco, ensayando con su comparsa y, al finá de mé los dó resibían el mismo sueldo en la cuenta.

El ofisiá de fabricasión de segunda se corroía por dentro, pero pensaba que, si algún día había poblema en la empresa, los jefe largarían al comparsista y se quedarían con él. Festivamente, un día llegaron los poblema a la empresa y echaron al comparsista. Pero también echaron al ofisiá de fabricasión de segunda puntero. Los dó en la calle cobrando una paguita de por via. Ademá, como el comparsista era famoso po lo llamaban pa hasé unas colaborasione en unos pograma y se lo llevaba calentito en negro. Sin haberla doblao en su vida. Por lo que la moraleja está clara. El ofisiá hiso el carajote y al finá acabó peó que el comparsista que vivió la vida.

Ese es el tipo de cuento que nuestra juventú nesesita. Dejarse de rollo de la cultura del sacrifisio y el efuerso y disfrutá la vida que con cuatro día, uno está lluviendo y el otro hase levante. Como hiso el comparsista del cuento que, por supuesto, no tiene ná que vé con ninguna historia reá.

12 comentarios:

Valdepeñitas dijo...

Has estao sembrao, Carmelo. Podrías dar tu versión de unos cuantos cuentos más y venderlos a la puerta los coles igual que hacen los de las callejeras con sus letrillas. Más que ná por ir educando a la ciudadanía... Al final (como en el de la Cigarra) tendrías que poner: "cualquier parecido con la realidad NO es puta coincidencia.

El futuro bloguero dijo...

También hay que revisa la canción de Al pasar la barca me dijo el barquero...

... porque lo de que las niñas bonitas no pagan dinero, suena a que pagan en espesie...

Marisa Pérez Muñoz dijo...

No estoy muy enterada pa qué vale el ministerio de "igual dá", pero seguramente tienen tan pocos problemas sobre la mesa que resolver, que no les queda más remedio que emplearlo en cambiar el texto a los cuentos infantiles.

Poco, muy poco importaría si este cuento terminara con que la tal Aido se busque una princesa de sangre verde que la limpie la casa, y la haga mimitos por la noche, que la mate a los lobos y la construya casas resistentes para meter a todos sus amigos los cabritillos para no dejarles salir nunca más, mientras ella trabaja mucho dando besos a los principes azules y los convierte en ranas.

Vivirán felices sin comer perdices porque eso sería asesinato de aves y se les echarían encima los ecologistas.

Creo que esta mujer puso miguitas en su camino en vez de piedras y ha perdido la dirección para encontrar su cerebro.

Las mujeres seguramente necesitamos que alguien nos defienda, que luche por nuestros derechos, tanto como los hombres necesitan que se les defienda, pero igual que estoy segura que la sangre de la realeza es del mismo color que la mía, también se desde siempre que para caminar he de aposentar muy bien los pies en el suelo y no confiar en casi nadie, mucho menos en una ministra de “sandez”, que así debería de llamarse su absurdo ministerio.

Casualmente sólo he oído hablar de la Aido por decir frases tan inteligentes como: “los miembros y miembras…” esta tan bonita de: “Vamos a crear una biblioteca para y por mujeres” o estas dos sin desperdicio: “Un feto de trece semanas es un ser vivo, pero no es un ser humano” y “Cualquier joven puede ponerse tetas sin que sus padres lo sepan…” en estas olvidó matizar que “Cualquier “jovena” o “un feto o feta”…

De verdad, las mujeres pedimos y necesitamos una buena ministra (o ministro) que se ocupe de cambiar las leyes machistas mal hechas desde hace incluso siglos porque esta mujer “igual da” que exista o no, porque sólo se ocupa de estropear aun más lo ya estropeado.

Besos

Marisa

Marisa Pérez Muñoz dijo...

Futuro Bloguero ¿Y la canción esa de : "Me voy a hacer un rosario con tus dientes de marfil"...?

El tío cabr... iba a buscarse la vida al extrajero y para irse feliz arrancaba a su novia todos los dientes, aunque lo último que tuviera intención de hacer el emigrante fuera rezar el rosario dentúo.

Besos.

Marisa

Valdepeñitas dijo...

Ya que las liao parda con lo de los cuentos y Su Señoría...espero que el 14 de Abril de tires el rollo y des la cara con la celebración mas adecuada de la fecha. Salú !

Sonia dijo...

¡Qué gran pó! Como maestra de Infantil y pedagoga en proceso te agradezco enormemente la entrada de hoy. Tomaré buena nota de tus versiones ;-) La de Caperucita "maencantao"

Aprovecho la ocasión para lanzar una lanza a favor de Aído y su ministerio ya, esta vez, llevan toda la razón del mundo. Considero que las feministas (entre las que no me incluyo), en muchas ocasiones, lejos de defender los derechos de la mujer, la perjudican pero, para mí, este no es el caso.

Somos ya much@s los que, afortunadamente, en las aulas, hemos dejado atrás (o jamás hemos utilizado) los tradicionales cuentos en los que se muestra un papel tanto del hombre como de la mujer muy diferente al de hoy día. Sencillamente, se desarrollan de "aquella manera" porque están escritos para ser leídos en épocas pasadas.

Los cuentos forman la mente del niño. Los tiempos cambian y, por tanto, los cuentos, también deben de hacerlo si no queremos quedar anclados en el pasado.

Apostemos por educar en unos valores acordes con el mundo en el que vivimos: la justicia, la solidaridad, la tolerancia, la amistad, el medio ambiente, el respeto al otro. Reflexionemos sobre este tema.

Saludos

Marisa Pérez Muñoz dijo...

Vale Sonia, por eso es bueno escribir nuevos cuentos, pero no necesariamente arrinconar los clásicos.

De veras, nunca he tenido miedo a comer una manzana por muy fea que fuera la frutera, ni me crece la nariz si omito la verdad (odio la mentira, sólo la utilizo si es piadosa)y he llevado mas de 20 años de mi vida cosiendo sin miedo a picarme con la aguja y quedarme dormida.

Los cuentos son para ayudar a los niños a amar la lectura, por eso será bueno seguir escribiendo, los cuentos de ahora algún día también serán clásicos, y los que leía de pequeña, no pueden olvidarse, no sería justo para sus autores.

Besos.

Marisa

Sonia dijo...

Marisa, no me refiero exactamente a las razones que alegas cuando digo que en mi clase omito los cuentos clásicos. Los dejo de lado por los equivocados estereotipos que fomentan. Tú misma has dicho que la Bella Durmiente cosía, y todos sabemos que Cenicienta limpia que te limpia, Blancanieves al cuidado de los enanitos... Y eso por no hablar de la espera del idealizado príncipe azul que las salva.

No obstante, no estoy en desacuerdo con lo que tú dices: manzanas rojas o niños a los que les crece la nariz. Así como tampoco con calabazas que se convierten en carrozas, niños que vuelan, alfombras mágicas... En absoluto. Todo esta fantasía fomenta la creatividad y la imaginación en los niños. Veo constructivos cuentos tales como "La liebre y la tortuga", "El patito feo", "Los tres cerditos", etc.

Quizás en el mensaje anterior no me expliqué bien, puesto que me refería a los cuentos clásicos sexistas, que son los que el ministerio critica.

Saludos de nuevo

P.D: Carmelo, perdónamos por extendernos tanto. Pero tú has sido el que ha sacao el tema :-P

Anónimo dijo...

Buenas, puès servidora opina que de todos los cuentos habidos y por haber, el mejor es "El Gato con botas". Tener de colega un gato, con lo inteligentes e independientes que son (no son nada coñazos, van a lo suyo y de vez en cuando te saludan); pués eso, tienes ese tipo de colega y además se lo monta para que, sin tú dar palo al agua, te conviertas en marqués y te quedes con la princesa. ¡Eso no te lo consigue ni Alejandro Agag!.Asi que, a mí ese cuento que no me lo toquen, que yo, si algún día quiere el Señor que sea abuela de un gadita, lo primero que le voy a regalar va a ser un gato y lo segundo el cuento pa leerselo con los primeros biberones.
Un saludo
la Fidelidá

Marisa Pérez Muñoz dijo...

Sonia wapa, estamos de acuerdo en muchas cosas, y una de ellas es que gracias a la imaginación de Carmelo, hemos "creado" este casi foro que tan buenos ratos nos hace pasar intercambiando opiniones alrededor de los geniales "pó" que nos regala.

Besos.

Marisa

Anónimo dijo...

P.D. Quería decir también que, a la Bibiana, a veces, la veo pelín desnortada, (pá mi que es la juventud) pero, en absoluto, estoy en desacuerdo con toda su gestión.

La de la Fidelidá

manolo rubiales dijo...

Y la Bibi...¿en qué postura jincará?, ¿arriba o abajo?, ¿dominada o dominante...?, no vea tú el coñazo que tiene que se la gachí en la cama con el rollo ese de la igual-dá. Ofú carmelo, qué peaso de cuento tienen estos sociatas, y después más de una que yo me sé no deja de tener chachas sin asegurar en sus socialistas e igualitarias casas...Enga ya!!!
Buen pó, picha, excelente

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