Estimados Carmeleros y Carmeleras:
En primer lugar debo presentarme, porque yo no soy Carmelo. Por las formas y por el fondo de este mensaje os habreis dado cuenta. Pero es que Carmelo no está.
¿Quién es este tipo que se presenta aquí y nos dice que Carmelo no está? Bueno, yo soy un amigo de Carmelo. Uno de los 127 seguidores, uno de sus 257 amigos en Facebook. Uno que lo va a echar tanto de menos como el que más. La diferencia es que yo soy el que le presta los dedos a Carmelo para teclear sus posts. Los más brillantes y los más reguleros. Todos. Los 720. Desde aquel que escribió el 28 de febrero de 2007 hasta el último que escribió el pasado 11 de julio, un ratito antes de que España ganara el mundial.
El sistema era habitualmente el mismo. Carmelo se me aparecía, me llamaba a cualquier hora, o se colaba en la puerta de mi casa y desde allí me dictaba una de sus historias que yo tecleaba tratando de no añadir ni una coma, ni, por supuesto, una ese. Otras veces, las menos, cuando se resistía, era yo el que lo llamaba, el que iba a buscarlo y entonces él me largaba la historia, que solía ser menos original, menos graciosa, menos brillante que las que le salían a él de dentro.
El problema, si es que se puede considerar un problema, es que lleva ya 12 días sin llamarme. Me parece que no tiene ganas de contarme nada nuevo y la verdad que yo tampoco tengo tiempo de sacárselo, de arrancarle una historia diferente. Son cosas de la vida.
Que nadie se asuste. Carmelo no se ha muerto. No le ha pasado nada. Ni siquiera se ha puesto enfermo como aquella vez. Está mejor que nunca. Me han dicho que va a ser abuelo y que esta noche estará escuchando coplas de Carnaval con su bermudas y sus chanclas. Como a él le gusta.
En realidad, Carmelo nunca morirá. Habitará siempre en tanta y tanta gente que le conocimos y en muchos que no le conocieron pero que viven con él en el día a día. Carmelo siempre será un poquito de Los Enteraos, una mijita de Encajebolillo, un puntito de Los Piratas, un trocito de Los Regaera, una pizca de Kadi City.
Esto que hace Carmelo ahora va contra los principios del marketing y de la base de un blog. Cuando un producto funciona, cuando está consolidado, no es conveniente dejarlo. Pero es que Carmelo es así. Vino cuando quiso y se va cuando le da la gana.
Debo decir que no se va para siempre. O que no sé si se ha ido para siempre. Como no se ha convertido en piedra ostionera de su Caleta, es posible que algún día me vuelva a llamar. Dentro de tres meses. En Febrero. El año que viene. O quizá nunca. Siendo Carmelo, no se sabe.
Él querría despedirse con una de esas cuartetas bonitas de final de popurrí en la que metiera en la música el nombre de todos sus lectores, sus fans y sus amigos que han sido muchos. Lo que pasa es que ni yo tengo memoria para recordarlos ni él tiene oído para meter nada en la música. Así que la mejor despedida que puede dar Carmelo es su agradecimiento y el legado de más de mil post entre este blog, el de Carnaval y la Carmelopedia. Servirá para que se nos haga más corta la espera si vuelve. O para no olvidarlo si decide no regresar.
Un abrazo a todos y todas.
El escribiente de Carmelo.









