Carmelopoli

viernes, 3 de octubre de 2008

La gallega

Os vi a contá una cosa que me pasó ayé pero con la condisión de que no se la contei a nadie. Quiero disí que os vi a contá un secreto y como yo confio en vusotro, sé que no lo vai a ir contando por ahí a cualquiera que se cruse "Ira lo que le pasó a Carmelo ayé..." Esto lo cuento asquí pa que de asquí no salga. No es que me dé vergüensa (sentimiento que tengo prásticamente olvidao)  sino pa que no se entere mi Chari, que sería lo peó que me podría pasá.


Y es que hoy me he encontrao a la gallega. La gallega era una chavala a la que yo le hablaba en la época en la que le hablaba también a mi Chari. Es que en mis año de juventú yo era mu habladó y me gustaba mucho lo de hablá con las gachí y le hablaba a varia a la vé. Lo que pasa es que con mi Chari pasé de las palabra a los hecho y entre los hecho le hise una barriga y me tuve que casá. Porque yo me casé de penalty, pero de los bueno, no como el que tiró Abrahan Pá en Alicante.

Con mi Chari embombá po ya me paresió malamente siguí hablándole a la gallega y, sobre tó, no me paresió conveniente siguí metiéndole mano en las pinícula de Pablo Nuevo Hombre (homenaje), má que ná por las osione de que mi suegra, que ya me la tenía sentensiá por habé arrancao la fló de su hija (fló que como ya he dicho alguna vé, cuando yo la arranqué la habían regao má gente que al arbo del Mora) si me ve con otra direstamente me mata. Y puesto a morirme, prefería casarme que al meno es una muerte má lenta.

Sin en cambio, donde hubo fuego siempre quedan bombero y la gallega dejó una marca mu fuerte en mí y no lo digo solamente por la guantá que me dio cuando le dije que la dejaba poque había dejao preñá a mi Chari, sino porque fue una mujé mu importante en mi vida. Fue la primera mujé que me hiso llorá. Aun recuerdo aquel día que me pidió que le pelara la sebolla pa el pulpo a la ella. ¡Que malamente lo pasé! Aunque despué el pulpo estaba una jartá de bueno.

Pero que nadie me se asuste, que la gallega no era gallega, que había nasio en el barrio Santa María y la llamábamo la gallega porque la familia era de allí y no vea cómo se ponían de pulpo, empaná y una cosa mu rara que se llama lacón con grelo. Ademá, por lo del asento, que yo no sé cómo lo hasen los gallego que se llevan dó siglo en Cádi y no pierden el dejillo. Es que la gallega nasió asquí, pero los padre la mandaron sinco año a criarse a Pontevedra y, aunque desde entonse lo má serca que había estao de Galisia era el bar Noya y tenía tol asento de Moncho Borrajo. Pero yo sabía que era gaditana, que yo sólo toco pelo si es pelo ligítimo de Cádi. Aunque con la gallega de tocá pelo poquito porque como diría mi amigo el Canijo, era de estrechatela, de estrechatela. Pa mía que era brigida de esa que le mete mano y no sienten ná. Como mi cartera con mi Chari, que le mete mano y no siente ná. Pero bueno, vi a tratá de no hablá de mi Chari que me vienen sentimiento culpable.

Totá, que ayé por la mañana iba yo dando mi paseito diario y cuando estaba parao a la altura del semáforo de los sindicato esperando me vino a mis pelo de la narí un oló familiá. Inpiré y olía asín como a sudó revenio. "El aroma de la gallega", pensé. Y es que en casa de la gallega desodorante era una palabra desconosía, como rotaflé en la mía. Eran del comando antibili y eso le daba un oló mu peculiá.

Aqué aroma me trajo muchos recuerdo. Tenía que sé ella, por cojone, porque ese aroma avinagrado con regusto silvestre y fondo de paladá entre pringoso y pastoso sólo podía tené un dueño. Bueno, una dueña. Miré a mi alrededó y, festivamente, allí estaba ella. No había cambiao en casi ná. Siguía teniendo la misma sinturita, el mismo par de perola,... Evidentemente ya no era una chavala porque los año los cumplimo tol mundo, hasta Melody que ahora la cogen los gorila y ni te cuento lo que hasen con ella. O el coro los niño que dentro de ná serán el coro de los abuelo. Po la gallega no iba a sé la esesión que confirma la mentruasión. Aunque había un dato que no permitía duda, llevaba el mismo jersey de dibujito verde y amarillo que yo recordaba. Es verdá que la gallega nunca fue de cambiarse mucho de ropa, pero supongo que en esto ventitanto año, alguna vé se habrá mudao. Al meno eso quise cré

Yo me quedé mirando con cara un poco de carajote que es la cara que me se pone cuando veo algo que no me esperaba vé, má o meno la cara que tendría si veo a la comparsa de Subiela cantarle un pasodoble de agradesimiento a Martíne Are. O la que me se puso cuando escuché el pasodoble de Araka contra las droga, asín con la boca entre abierta y los ojo (el bueno, sobre tó) fijo. De repente, ella me miró y yo volví la cara rápido.

- Esa cara, esa sonrisa, ese cuerpo,... ¿Tú eres...? -me disía mientra se asercaba.
- Paco Trujillo -dije yo pa haserme el grasioso y es que mi sentio del humó desiende contri má serca está una gachí de mi.
- No, carallo. Tú éres Carmelo Gómes Rámires.
- Sí. Y tú ere... -carajo, me se había olvidao el nombre- Tú ere la gallega -le dije al fin.
- ¿Acordaste de mi?
- Sí, mujén como me iba a olvidá, si no ha cambiao en ná.
- Cambiáste tú. ¿Qué sucedióte no ollo?
- Es una larga historia -dije yo pa haserme el interesante.
- Eu estar con un poco de prisiña. Date o mio número de telefoniño y llamáme.

Nos intercambiamo los numbero y quedamo en llamarno. Pero no de estas vese que dise tú "Ya te llamo" y por dentro está pensando "tes quí al carajo vi a llamarte yo a ti". No. esta vé va en serio y si ella no me llama de asquí al lune, la llamo yo. Lo que no sé qué le vi a disí a mi Chari, si es que vi a disirle algo. 

Pero, sobre tó, no sé cómo carajo se llamaba la gallega.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Boicoteao

Ayé. ná má que salí de casa me llevé la primera sorpresa:


- Carmelo, contenta me tiene.

Como podrei imaginá era ella, la Tay, también conosida artísticamente por Tamara Beardo.

- Te vi en la Copla, que guapa estaba hija -dije yo capeando el temporá.
- Déjate de peloteo, que estoy má mosqueá contigo que la Milá en un estanco.
- Eso es un chiste de televisión. Como se ve que domina el medio televisivo. Si es que tú vale, hija. Yo no me esplico lo que te ha pasao -le inflaba el ego pa que la cosa se enfriara, pero ni por esa.
- No me haga hablá, no me haga hablá. ¿Tú pa qué coño habla de mi en tu bló?
- Pero si yo lo hise pa que la gente te votara y pudiera ganá.
- Y pusiste malamente el numbero.
- Es que lo copié del Viva Cádi y pa mi que se esquivocaron.
- Te esquivocaste tú y empesaste esquivocándote con lo del pó, que sólo me podía traé sangangui.
- Pero, si yo no tengo ná que vé. Que yo no tengo mala suerte.
- Aro. Como lo del pó de Hércule el día del desenso. O lo que le pasó al Chapu en la mano despué de entrevistarte...
- Eso son casualidade.
- Bueno, casualidade o lo que sea, pero ni vuelva a mensionarme en tu bló que yo quiero tené futuro en la vida artística.

Las cosa de la tensión de la chavala, que yo entiendo que le haiga sentao malamente lo de que no pase a la finá del pograma, pero no es pa echarme a mi las culpa tampoco, pensé. De toas forma no tenía intensión de volverla a mensioná en mi bló. De momento.

Con toa la cara partía me aserqué al Palilleo pa desayuná en el Tostadero, que ponen allí unas tostá que quitan el sentio si no te lo han quitao ante las dó camarera que tiene. Me estoy afisionando yo a redesayuná allí que me alegra la vista y el sentio. Con otra cara pa vé la vida despué del viena con manteca colorá, el cafelito y habé morsegao un poco a las chavala, volví sobre mis paso por la calle Columela cuando, de repente, en la puerta del Jotaeme me encontré a Martíne Are.

- Hombre, ¿qué hase usté por asquí?
- Me ha dicho Juan Antonio, que no ha vendio ni un disco mío
y es curioso que lo diga si es hermano de Quiñone,
alguien que sierra la tienda
pa poné una franquisia
que no venderá compa
que va a vendé braguita... 
- ¿Te estraña? Si de los disco tuyo, quitando el que compró mi Chari.
- Si miro a mi cuenta
lo veo todo rojo,
¡ay! por tu salú
comprame un compasdí
que está la cosa tela de chunga.
- Tampoco será pa tanto, Antonio, que con lo de La gran finá, te estará llevando unas perrilla.
- Si por lo mucho que yo ensayo
toavia no he visto ná
tengo mis hijo y mis mujere
que tengo que alimentá
las entrada ya vendí
pero ni un euro cobré
de verdá que no lo sé
quien tiene tó ese parné
ay, ay, ay.
- Po yo ya he comprao las entrada. Dó, pa mi Chari y pa mi, el primé día -le dije pa que se viniera arriba.
- Ni mensione en tu bló, nada de lo de la obra
uno, dó tré, cuatro
no cuente ni siquiera, que tiene ya las entrada
siete, ocho, nueve, dié
cállate la boca ya, 
no me vaya arruiná
Síiiiii
que como tú cuente algo
por mi mare no te engaño
no llegamo a estrená.

Otra humillasión pa la misma mañana. Martíne Are tampoco quería que mensionara ná de su obra de teatro y tó por esa fama de gafe que me está formando la gente y que es mentira. Mentira cochina. Será el tío desagradesio, ensima que lo de la obra es la mitá idea mía. Po se joerá porque un día le dedicaré un pó a la obra esa. Si la cosa siguía asín, me iba a quedá totalmente sin tema. 

De repente, miré el escaparate y vi que Andy y Luca sacaban disco. Sería un puntaso pa mi bló una entrevista con los dó. Peaso de pó recor de visita. Marqué el numbero. "Son de amore, amore que matan, amore que rien, amore que lloran, amore que amargan..." Coño, podían por lo meno cambiá el tono ya voy con el del compas nuevo. Me respondió el gordito:

- Quillo, Carmelo, ¿qué pasa picha, cojone?
- Andy, tío...
- Que no soy Andy, que Andy es el canijo.
- Bueno, Yluca, norabuena por el compas.
- ¿Ya lo ha escuchao con la orejita buena de escuchá compas, Carmelo, picha?
- No, pero seguro que es puntero, como tó lo vuestro. Ya habrá lo meno medio millón de sarsillo de aro de colore moviéndose al rismo de vuestra cansione. ¿Cuánta pasada rosa se habrán usao ya pa secá las lágrima por los sentimiento de vuestras cansione?
- Aro, que sí, Carmelo, cojone. Grasia, grasia. A vé si vendemo esta vé un millón y una de copia.
- Ahí está, yo os llamaba pal tema de la publisidá, por si os interesaba una entrevista en mi bló. Pa vendé má disco toavía.
- ¿En tu bló? Ni mijita, Carmelo, ni mijita. Con el sangangui que tú tiene. Que desde el primé día que hablaste de la hermandá de los palangana y los loperiano y le pegaron un botellaso al entrenadó. Picha, que lo tuyo es mu fuerte.
- No sea así, Yluca, cojone. Que no es pa tanto.
- Que no, Carmelo. Pero no una entrevista, es que ni siquiera hable del disco, que el Andy tiene una hija que alimentá y no nos la podemo jugá asín como asín.
- ¡Que esagerao soi!
- Seremo esagerao, picha, o lo que tus quiera. Pero de nosotro ni nos mensione. Por favó. Tú te está callaito y nosotro te regalamo el compa. Pero tú callaíto.

Y colgó.

Totá, que no puedo hablá de la Tay, ni de la obra de Martíne Are, ni tengo entrevista con Andy y Luca ni siqueira puedo hablá de su nuevo disco. Como la cosa siga asín tendré que hasé los pó de paseo por Ponferrada como Salvo. O satirone como Manolo Rubiale. Aunque lo de satirone no, no vaya a sé que sea verdá lo del gafe de este bló y ya la picha ni se me levante.

martes, 30 de septiembre de 2008

Enganchao

Ya disía Alejandro Sán, justo en aquella época que abrasó la religión gaditanista y dejó su asento de Chamberí pa hablá como el mismísimo Beni de Cádi, que despué de la tomenta siempre llega la carma. Por eso despué de la que cayó el domingo y el lune por la mañana era cuestión de hora que el sielo se abriera en dó y el lorenso nos recordara un poquito lo que había sio el verano.


Aprovechando que había salio el só y que ya estaba hasta el mismísimo de aguantá en casa a mi Chari y a la Cacelin que desde que ganaron lo del Trivia Carnavá estaban insorportable dándome caña me fui a dá un paseito gaditano. Con la escusa del ejersisio empesé a andá y andá, la Caleta, Campo del Sú, el Pirulí y llegué hasta la tapia del sementerio como me había dicho el médico. La vuelta, pa no pasá dó vese por el mismo sitio, cogí por dentro y bajé por el barrio Santa María pa pasá por delante de la placa que han puesto en honó a Pedro Romero y cantá allí una cuarteta del pupurrí de Nuestra Andalusía en plan homenaje. Es que yo soy de esos detalle, si paso por la calle San Visente, me paro y canto la presentasión de Los Prinsipiante o la de Caleta, en el busto de Paco Alba canto la de Hay quien dise que Cádi o el Vaporsito, en la calle Goleta la del pasodoble al Papa y asín. Totá, que despué de hasé mi orasión a uno de los grande santo del Carnavá siguí Teniente Andujá y giré pa bajá por la escalera de la Mersé cuando me encontré delante mía un enganchao. Pero un enganchao mu peculiá.

- Escuche, ¿tiene un eurito ahí, para coger el autobus?

Un enganchao finoli es una de las cosa má rara que te puede encontrá en el barrio Santa María. Hombre, está el día que me crusé con el Troy duchao, pero eso eran otros tiempo. Totá, que miré al enganchao fijamente. Yo a este tío lo conosco de algo.

- No, no llevo un duro ensima, picha.
- Mírese usted los bolsillos, por favor, a ver si tuviera alguna moneda para comprar un bocadillo.
- Pero, mírame a la cara, picha. Al meno darme un poquito de jondoy.
- Es que no me sale. Desde que me dio el aire tengo el cuello torcido.
- Coño, pero si tú ere... -y dije el nombre de un personaje mu conosio que no vi a reprodusí por deseo espreso de él y al que llamaré, por ejemplo, Jaime. Jamá me podía imaginá que ese gachó fuera un enganchao. 
- Sí, soy yo, pero no se lo diga a nadie.
- Pero, ¿qué hase tú asquí, con lo que tú ha sio?
- Ya ve usted señor...
- El señó, el Nasareno. Yo soy solo Carmelo.
- Ya lo ve usted, don Carmelo, desde que cesé en mi convivencia con mi señora esposa, estoy de mal en peor.
- Pero, tan malamente te dejó.
- Lo malo no fue cuando me dejó. Lo peor fue el tiempo que estuve con ella. Yo la miraba a la cara y es que me entraban ganas de olvidarme de todo y empecé bebiendo, después fumando y hasta que ya le di un poquito a lo que viene siendo el tema del napiote.
- No me lo puedo creé -le dije asombrao.
- A ver si usted, señor Carmelo, se piensa que yo los pantalones de cuadros me los ponía sobrio. Esos los escogía mi señora y como yo estaba emparanoyado ni me resistía, ni nada.
 - Pero, entonse, tú le lleva pegando al harinaque de mucho tiempo.
- Y tanto, desde lo de "se parece a la madre, el pobre". Y antes incluso.
- Pero, ¿cómo ha acabao asquí? ¿Desde Madrí hasta asquí?
- Porque antes me lo financiaban todo con cargo al presupuesto de la familia. Pero ahora me lo tengo que pagar yo, y si la gasolina ha subido, la cocaina, ni te cuento. Y aquí estoy pidiendo, pero no he sacado ni un euro. 
- Es que lo hase mu malamente. Tan afeitaíto, tan bien peinao. No acojona.
- Entonces, ¿qué me recomienda usted don Carmelo?
- Lo primero, no te pele, tó pa vino. O pa lo que tus quiera. Despué tampoco te afeite, al meno no tó los día. Y cambia el tono de vó, un poquito má de enganchao.
- ¿Asi conseguiré algo?
- Yo creo que sí. Y si no, te pone a vendé las pulsera que lleva y te saca pa unos poco de gramo.

Lo dejé allí buscándose dó leuro pa pagarse los visio, que ya no se los daba la parienta. Y pensando cuanta gente estará enganchá a los polvito blanco de esta importante. No como en Cádi, que el único polvo blanco al que nos enganchamo es a la harina pa freí el casón en adobo. Tú verá como se entere algún periodista de eso y lo publique. La que se puede liá. 

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